Edad: 43 • Ocupación: Exfutbolista, entrenador, director ejecutivo del Centro Deportivo Integral Enfoque • Señas particulares: estudió Artes Gráficas, defiende el VAR, lloró con el gol del Vasco Ostolaza

Entrevista: Andrés Scotti

4min
Nº2028 - al de Julio de 2019
por Elena Risso

¿Cómo llegó al fútbol? Llegué a Primera sin hacer formativas. Juego baby fútbol desde los cinco años, después Liga Universitaria. A los 15 años me fui a la liga del interior y ya empiezo a jugar en Primera de OFI, en Independiente de Flores y en la selección del departamento. De ahí vine directo a Central Español, a Primera.

¿Por qué jugaba en Flores? Un amigo me invitó a probar, me fui un fin de semana y me encantó. Era adolescente, fui a jugar, salimos después a bailar, me gustó cómo me trataron. Eso fue hasta los 18. Los viernes terminaba en Don Bosco y tomaba un Agencia Central. Volvía los lunes directo a clase en un ómnibus que salía cinco menos cuarto.

Dijo en una entrevista que su madre lo crio sola en Malvín, en viviendas de clase media. ¿Cómo fue esa etapa? Mis padres se separaron cuando tenía cinco años, soy el mayor de cinco. Vivíamos en una cooperativa donde ella sigue viviendo. Tuve una de las mejores infancias que pude haber tenido, con muchos amigos y actividad en la calle. Jugué básquetbol, tenis, fútbol, handball, vóleibol, todo a nivel federado. Ahora de veterano empecé a practicar golf, que me quedaba pendiente.

Estudió en La Mennais, un colegio atípico para la mayoría de los futbolistas. Económicamente no era que podíamos ir a ese colegio, conseguimos becas porque mamá estaba sola. Hicimos la Escuela Experimental de Malvín y en el liceo entramos al privado. Fuimos hasta cuarto de liceo y después en públicos.

¿Por qué se inscribió en Talleres Don Bosco? Era un adolescente muy rebelde, mamá no sabía qué hacer conmigo, yo no sabía qué hacer de la vida. Desde los 12 años siempre algún laburito tuve. Me puse a trabajar en una imprenta porque mamá habló con gente que tenía una; antes había trabajado en una avícola. No quería estudiar carreras tradicionales, solo me seducía Educación Física. Estudié para maquinista, el diseño también lo hacía. Tengo título de artes gráficas.

¿Qué recuerda de los veranos en La Floresta? Mi abuelo tenía una casa gigante porque tenía diez hijos. Somos 36 primos hermanos, entonces se rota mucha gente. Hacíamos mucho deporte, pasábamos más en el club que en la playa.

Su hermano Diego también es futbolista y jugó en Nacional. ¿Le quedó pendiente no poder retirarse juntos? Sí. Él era un gran tenista, fue número 1 del Uruguay hasta los 16 años. Después optó por el fútbol. Desde chicos íbamos a ver a Nacional, siempre lo seguíamos, se podría haber dado de buena manera y haber aportado mucho. Pero no fue grave. Mi carrera fue demasiado buena, me dio mucho más de lo que podría haber soñado.

Siempre fue un jugador destacado pero sus mayores logros en Uruguay fueron sobre el final de su carrera. A escala nacional sí, pero en Rusia tuve cuatro años brillantes y en Chile también. Pero no era muy considerado por problemas ajenos a lo técnico. Uruguay estaba fuera del Mundial y en Chile me querían nacionalizar.

¿Qué pasaba? Dejala por esa. Todo el mundo sabe cómo se manejaba el seleccionado en ese momento.

Después sí tuvo revancha en la Selección. Sí, me llegó en 2006, con 30 años. Siempre mantuve una carrera estable, regular, jugando casi todos los partidos en los equipos que estuve. Por suerte, más allá de unas lesiones pude bancarme el juego. 

¿Cuántos hijos tiene? Cuatro. Los mayores son los mellizos, de diez años, un varón y una nena. Después vino Facundo con 9 años, y Valentina al año y medio de Facundo. Pasamos de no tener hijos a tener cuatro en tres años.

Vivió en Chile, Rusia, México, Argentina. ¿Qué recuerdo guarda de esos años? De todos guardo cosas lindas. Rusia me costó al principio hasta que empecé a entender la idiosincrasia, tienen otra forma de manejarse. Uno de los motivos por los cuales me fui de Rusia fue porque íbamos a tener familia. Mi señora había tenido un embarazo ectópico ovárico y casi se muere estando en Rusia cuando yo estaba en Suiza haciendo pretemporada. Ahí decidimos venir más cerca, resignamos la parte económica y vinimos a Argentina.

Tiene título de técnico. ¿Piensa dedicarse a eso? Ojalá. Me gustaría dar una mano más en la reorganización y profesionalización de nuestro fútbol. Por suerte, pude dar una ayudita en la asociación. Espero que el tiempo ayude en esa gestión. Va a ser duro, va a haber muchas medidas en muchos lugares, es una operación a corazón abierto, pero si no damos esa transformación, nuestro fútbol va a seguir siendo parte de un fútbol mediocre, amateur.

Integró, con Pedro Bordaberry y Armando Castaingdebat, la comisión normalizadora de la AUF. ¿Hoy la AUF es más transparente que antes? Sin dudas. Ahora hay que respetar ciertos procesos, ciertas pautas. Yo me fui del todo, pero dejé dos proyectos con mi nombre ante Conmebol y FIFA para que se lleven adelante porque querían a alguien externo que los monitoree. Quedé como medio encargado del museo en el Estadio y otro que está viéndose con relación a la aprobación de las licencias en los clubes profesionales. 

¿Qué opina del VAR? Me encanta. Es honestidad pura. 

¿Cuál fue el gol que más disfrutó a lo largo de su carrera? Muchos. A veces no son goles, sino el partido, como el de Ghana, que me produjo sensaciones increíbles. Y un gol que me movilizó muchísimo en lo emocional fue el del Vasco Ostolaza contra el PSV (en la final de la Intercontinental en 1988), que lo estaba mirando por televisión con amigos. Fue de las primeras veces que lloré y me emocioné por el fútbol. 

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