MIRADOR / Casamiento

Ferrés - Iruleguy

2min
Nº2020 - al de Mayo de 2019
Fotos: Camila Goñi

Aunque la noche del sábado 11 fue fría, se podía sentir la calidez en la parroquia San Juan Bautista entre la gente que esperaba con ansias ver a Fermín Ferrés y Sofía Iruleguy contraer matrimonio. Poco después de las 20.30 horas se abrieron las puertas de la iglesia y la novia entró del brazo de su padre Juan Iruleguy. Mientras caminaba hacia el altar, las miradas felices de su madre Patricia Revello y sus suegros, Miguel Ferrés y María del Pilar Echavarren, se cruzaron con la del novio, a la vez nervioso y enamorado.

El sacerdote Luis Ferrés, primo del novio, ofició la ceremonia, que estuvo ambientada con la música del coro Gaudia. Las lecturas las realizaron Manuela Zazpe y Rafael Ferrés y los sobrinos del novio, Clementina, Bartolomé y Juan María, entregaron los anillos. En un momento de la ceremonia, Fermín sorprendió a los invitados y a Sofía con una payada contando su historia de amor.

La novia llevó un vestido simple en organdí suizo de seda natural y color off-white del diseñador Pablo Suárez. Tenía un corte de línea pura y tradicional, de novia europea, y un escote en la espalda que bajaba casi hasta la cintura. El estilo se completó con el tocado floral de Mercedes Zerbino en el peinado de ondas naturales de Diego Alfonso y con el maquillaje de Leonel Aita Musi. Llevó además unas caravanas con brillos que habían pertenecido a su tatarabuela. Su madre también se vistió con Pablo Suárez, mientras que María del Pilar, madre del novio, se decidió por un vestido del diseñador Nicolás Osano.

Luego de la ceremonia, los invitados se dirigieron a la Criolla Elías Regules, donde se celebró la fiesta, con el salón decorado por Margara Ferrés y el catering de Nora Rey.

Sofía y Fermín se conocen de toda la vida. Aunque no fueron al mismo colegio ni vivían en el mismo barrio, muchas veces coincidían en boliches o juntadas con amigos. Sin embargo, no fue hasta 2015 que empezaron a salir. Ella estaba estudiando para ser contadora y haciendo algunos trabajos como modelo y él había empezado la carrera de ingeniero agrónomo. Como dijo una de las amigas de la novia en la ceremonia, “el amor todo lo puede”, si no, explicó, nunca se habría escuchado a Sofía hablar con tanta autoridad de vacas y toros ni se habría visto a Fermín yendo a un desfile de modas. 

El amor también es más fuerte que las distancias, pues de los cuatro años de su noviazgo, Fermín estuvo casi los últimos dos viviendo y trabajando en Paraguay. Ella estaba lista para irse a vivir con él, hasta que afortunadamente le surgió una mejor oportunidad laboral en Uruguay y pudieron quedarse. Lo que sí se trajeron de Paraguay fue el cotillón de la fiesta, que disfrutaron bailando toda la noche. Luego partieron de luna de miel a Kenia y a las Islas Mauricio, para combinar la aventura de hacer un safari y el relax de descansar en la playa.

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