Pepe Guerra y Braulio López. Foto: Nicolás Der Agopián

Los Olimareños este viernes 15 en el Antel Arena

“La gente cree que andamos a los balazos”

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Nº2012 - al de Marzo de 2019
Javier Alfonso

Sus genes están en el ADN de la música popular uruguaya. Junto a Aníbal Sampayo, Osiris Rodríguez Castillos, Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti, El Sabalero, Rubén Rada, Eduardo Mateo y Gastón Ciarlo, Los Olimareños pusieron los cimientos de la canción uruguaya. Gusten o no, y sea para parecerse o alejarse, son una de las principales referencias de legiones de creadores. Primero desde Treinta y Tres, con los versos del poeta Rubén Lena, marcaron un punto de inflexión en el folclore rural uruguayo, y luego en Montevideo, también con Víctor Lima, Idea Vilariño y otros popes de la poesía oriental, avanzaron sobre tradiciones ciudadanas como el candombe y la murga. Con Todos detrás de Momo (de 1971, reeditado recientemente por Ayuí) sentaron las bases de lo que después Jaime Roos y Rumbo consolidarían como murga-canción. La historia es archiconocida: éxito regional, exilio, reconocimiento internacional, regreso, separación y reunión en 2009 con dos conciertos en el Centenario. Después actuaron esporádicamente, en la asunción de José Mujica, en la fiesta del Bicentenario y en aquel recital en 
Atlántida donde el auspicio de Antel produjo una fuerte polémica.

Ahora vuelven, este viernes 15 a las 21 en el Antel Arena, nuevamente con producción de Atín Martínez. Aunque el grupo surgió en 1960 y grabó su primer disco (homónimo) en 1962, el concierto se titula 50 años (este año se cumple medio siglo de su sexto disco, Nuestra razón, y de la grabación de Cielo del 69, editado en 1970). Más allá de las curiosidades numéricas, estos dos músicos que superan los tres cuartos de siglo (Pepe tiene 75 años y Braulio cumple 77 este mes) son responsables de algunas de las canciones más importantes de la historia uruguaya. Por citar unas pocas: A don José, Los orientales, El orejano, Al Paco Bilbao, Angelitos negros, La ariscona, Los dos gallos y Del templao.

“Cuando vinimos a Montevideo los cantores podíamos cantar en los tablados, entre Araca y Los Patos. Ahí conocimos a Alfredo y a muchos más. Éramos como una murga más. Eso nos abrió la cabeza”, contó Braulio López a Búsqueda en una entrevista concedida semanas atrás. “Una vuelta hicimos como ocho tablados”, acotó Pepe Guerra, a su lado.

En las canciones de Los Olimareños se distingue un toque de guitarra muy particular. Casi una escuela. “Eso es un invento todo de Pepe. Era difícil encontrar ese rasgueo, llevar el ritmo de la percusión a las seis cuerdas, y él hizo algo que sirve tanto para tocar candombe como para marcha camión”, explica Braulio, quien también menciona que “fue un gran aprendizaje” conocer la dimensión contestataria de las murgas montevideanas, que “recién empezaban con eso pero para nosotros fue un fogonazo”. Pepe asiente con su cabeza pero le deja la palabra a su compañero. “Es el famoso candombe rural, que le pusieron. Los gurises del interior que hacen candombe lo tocan como nosotros; humildemente intentamos hermanar la música del interior y de Montevideo y creo que lo logramos”, agrega.

Pero, ¿qué opinan estos dos veteranos pioneros de la canción uruguaya actual, de la que se compone en 2019 y de la vigencia del formato canción? “La canción tiene mucha fuerza, y hay muchos jóvenes haciendo cosas lindas, pero a mi entender, el tiempo tiene sus reglas y es el que va a determinar qué es lo que queda”, dice López. Consultado por la presencia de la canción de protesta o la poesía reivindicativa, piensa: “Se ha ido perdiendo, lo siento más débil que antes”. Quizá sea el efecto de 15 años de gobierno de izquierda: “Vaya a saber… capaz que se aburrieron los cantores”, suelta Guerra. “Hay un evidente bajón en la temática de las canciones e incluso en la poesía. Noto una decadencia en los textos. Antes había más preocupación por la belleza en las letras”, asegura. Braulio sostiene que el brillo de su generación trascendió la música: “En esa época hubo una llamarada artística que llegó también a la pintura, el teatro y la literatura. Benedetti, Galeano, Idea… y hoy no la veo. Con toda humildad lo digo. Le puedo errar como a las peras, pero… es lo que siento”.

Foto: Nicolás Der Agopián

Venezuela

Desde su perspectiva política de izquierda, López y Guerra sienten como “muy crítico” el momento político actual en la región. Hablan del ascenso de Bolsonaro y la situación de Venezuela, un país cuya música fue muy significativa para ellos, como “parte de una misma cosa”. Para Guerra, “desde Allende en adelante estamos viendo la misma película”. En ese marco de opinión, los dos creen que la canción puede recuperar terreno y ayudar a expresar ideas. Para López, “Estados Unidos está preparado para tirar sus bombas. El objetivo del imperio sigue siendo el mismo. Lo digo clarito. Antes fue con Cuba, ahora es con Venezuela. Y no es Trump. Obama ya lo había declarado”. Ambos rechazan que el de Venezuela sea un gobierno autoritario: “Yo no lo veo”, dice Braulio. “Manejar una sociedad en conflicto es muy difícil; nos da mucha pena que estén pasando por esto”, acota Pepe. Su compañero lo interrumpe: “¡Le han liquidado todo! Es una gran mentira la que se ha montado”.

Yo no

Sobre el vínculo entre ambos músicos, bromea López: “Hubo un desgaste natural producto de los años, pero la gente cree que andamos a los balazos (ambos ríen). Simplemente somos respetuosos de la persona. Somos dos seres humanos y tenemos límites, como todo el mundo”. Uno de esos límites parece ser la creación:

—¿Tienen ganas de componer juntos de nuevo?

—No —afirma Guerra—. Yo no.

Y se explaya por primera vez, con su compañero en silencio:

—Todo tiene su tiempo. Algunos siguen haciendo canciones hasta que se mueren. Pero también hacen pavadas. Creo que lograr el tipo de canciones de aquellos Olimareños es muy difícil. Y muy arriesgado porque podés caer en el ridículo. Mejor evitarlo.

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