Liderar a la manada

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Nº2028 - al de Julio de 2019
por Pau Delgado Iglesias

El 19 de julio se estrena a escala global la remake de la película El Rey León, de Walt Disney Pictures. El musical cuenta la historia del leoncito Simba, hijo del rey Mufasa, que tiene que abandonar su manada luego de que su tío Scar mata a Mufasa para quedarse con el trono. En un artículo publicado este lunes por National Geographic, la periodista en ciencias Erin Biba argumenta lo diferente que sería la trama si la película se basara en la “vida real” de los leones. Las manadas, explica Biba, están conformadas solo por hembras: son ellas quienes cazan la mayoría de los alimentos y quienes cuidan el territorio de posibles intrusos. Las leonas son “el corazón y el alma de la manada”, según los principales investigadores de leones del mundo. Así, los machos van y vienen, ya que las manadas son sociedades “matrilineales”. Si la película reflejara un poco mejor la realidad, afirma la periodista, la madre de Simba tendría que dejar de ser un personaje secundario y olvidable, como lo es en el clásico de Disney.

Además de lo relevante del artículo, resulta interesante leer los comentarios que Biba comparte en su cuenta de Twitter con decenas de reacciones furiosas a partir de su nota. “Los hombres están tan enojados de que el principal investigador de leones del mundo me haya dicho que las hembras son las que manejan la manada. Tan enojados”, escribe Biba mientras copia algunas de las capturas de pantalla con comentarios que van desde “vos claramente no entendés a los leones” pasando por el clásico “volvé a la cocina”, hasta “a quién le importa la ciencia, es solo una película”. Pero la importancia de aclarar las concepciones erróneas que a veces trasmite la cultura, radica en que muchos niños y niñas aprenden a través de estos productos culturales. Otro ejemplo de tergiversación de la realidad del mundo animal se puede ver en la película de animación Bee Movie: La historia de una abeja (escrita por Jerry Seinfeld), en la que todas las abejas a cargo de la polinización están representadas como machos, cuando en realidad es sabido que son las hembras las que realizan estas tareas.

En los últimos días, distintas situaciones han dejado clara la enorme resistencia que aún existe a que sean las mujeres las que “lideren la manada”.

Por un lado, la final de la Copa del Mundo de “fútbol femenino” coincidió con otras dos finales: la de la Copa América, en el sur del continente americano, y la de la Copa de Oro, en el norte. Ni la Conmebol ni la Concacaf “se dieron cuenta” de que las finales que estaban fijando para el fútbol masculino coincidían con el mayor evento de fútbol femenino del mundo (fecha que había sido anunciada por la FIFA un año antes que las confederaciones fijaran las suyas) ni que muchos de los países participantes se superponían en los torneos (como fue el caso de Brasil, Chile, Argentina, Canadá y Estados Unidos). Megan Rapinoe, la capitana estadounidense, manifestó que esto es una señal clara de que el fútbol femenino no es suficientemente respetado. Además, mientras que en la final de la Copa del Mundo miles de mujeres del público gritaban pidiendo por igualdad salarial (“equal pay”), la FIFA destinaba 30 millones de dólares en premios al campeonato femenino, contra 400 millones que destinó el año pasado a la copa mundial masculina.

Por otro lado, en el ámbito nacional, las resistencias que impiden a una mujer “liderar a la manada” se han hecho más que evidentes en las últimas semanas. Después de transcurrir unas elecciones internas con una sola precandidata mujer frente a un total de 27 hombres, llegó el lamentable desfile de nombres, el tristísimo “cherchez la femme”, como una especie de Juicio de Paris en el que cada opción tenía que demostrar que era lo suficientemente carismática, lo suficientemente formada, lo suficientemente conocida y con la experiencia necesaria para merecer estar allí —características que difícilmente reúnen muchos de los hombres que históricamente han completado fórmulas presidenciales—. Al menos, gracias a la tan criticada paridad, tuvieron que tomarse la molestia de pensarlo; si no, la fórmula se hubiera cerrado una vez más con otro nombre de varón.

En definitiva, se trata de eso: de hacer el esfuerzo por no pensar todo en términos masculinos. De entender la relevancia de una final mundial de fútbol aunque no sean varones los que corren atrás de una pelota, de aceptar que la política está llena de mujeres capaces que resultan sistemáticamente invisibilizadas por la propia dinámica cultural y política. Se precisa un compromiso colectivo serio para lograr cambios y para no seguir contando historias en las que las líderes de la manada ocupan papeles secundarios.

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