Mateo Boffano

Edad: 27. Ocupación: Fotógrafo. Señas particulares: se considera malo en la fotografía de moda, el personaje de Charonito podría estar inspirado en el, estuvo a punto de entrar a la Escuela Naval.

Mateo Boffano

4min
Nº2001 - al
Valentina Villano

Estudiaste en seis colegios diferentes, ¿por qué? Sí, fui al St. Patrick’s College, Woodlands School, Preu, liceo 15, Scuola Italiana y al liceo Leonardo Da Vinci; tengo dislexia y déficit atencional y creo que la dislexia me la trabajaron en algún momento de mi vida estudiantil.

También estuviste a punto de entrar a la Escuela Naval. Sí, me mandaron como forma de castigo por haber repetido. Fui, di el examen físico y lo pasé, el médico también; era todo de película. Pero cuando tuve que dar el examen de matemática me dormí, no llegué y no me pude presentar, entonces no entré. Era raro, yo era el peludo; ahí estaban todos por pasión y yo en penitencia.

A los 18 comenzaste a estudiar actuación en El Montevideano, ¿cómo fue que llegaste allí? A mí siempre me gustó la actuación y las películas y el cine, entonces vi que había un curso de actuación frente a cámara y fui. Estuvo muy bueno, hicimos el piloto de una serie que iba a salir en Canal 4, pero nunca salió. Después hicimos una película, yo como actor secundario y mudo, que se llama Kamikaze. Pero en la misma escuela de cine y teatro también daban clases de fotografía; me dijeron que había un gran descuento por hacerlo y fue ahí donde empecé a tener las herramientas técnicas.

¿Cuándo decidiste comenzar a trabajar como fotógrafo? Mi primer evento fue cuando la madre de un amigo tenía un cumpleaños, me dijo si quería sacar fotos y le dije que sí; faltaban cuatro días para que empezara el verano, me pagó $ 3.000 y dije: “No puedo creerlo, con esto me hago todo el verano”. Eso fue a mis 19 años; para los casamientos faltaba todavía. Empecé con eventos cortitos, fiestas de 15, hasta que agarré un civil de rebote. Después me llamó mi tía para su casamiento; yo no me sentía cómodo por la responsabilidad que implicaba, pero mi tía me insistía mucho, eran sus segundas nupcias y no quería gastar mucha plata, entonces llamé a un amigo que hacía video, Oliver, cubrimos el casamiento y salió todo bien. El segundo casamiento fue de una amiga de mi tía, el tercero de una amiga de una amiga de mi tía, que fue en La Huella y, para mí, fue una catapulta que nos empezó a tirar mucho más en el mercado y a hacernos más conocidos.

También fuiste fotógrafo en boliches. Sí, son lugares donde aprendés mucho de fotografía, a encarar a la gente, a sacar fotos diferentes, divertidas y, además, eran lugares donde podía ver a mis amigos. Estuve como dos años en boliches de todo tipo: Monroe, Mona, El Club, W Lounge, Buda.

¿Y lo volverías a hacer? No, creo que no. A mí me gusta conocer a la gente que le estoy sacando fotos y que exista una historia. Estuvo bueno, pero fue una época que ya terminó; igual creo que es un muy buen lugar para gente que quiere arrancar porque podés probar mucho; es como una cantera para practicar.

¿En dónde creés que está tu diferencial como fotógrafo? Hay mucha cosa que en la fotografía ya está inventada y no hay tantas opciones de hacer algo nuevo. Cada tanto sí, pero lo que te define es cómo sos vos como persona; el contacto que tenés con la pareja que se va a casar. Me costó saber esto, no es que lo supe desde el día uno.

¿En qué te inspirás al momento de tomar una fotografía? Me gusta ver muchos trabajos, pero hay que tener cuidado y no contaminarse en ver todo el rato fotógrafos de boda, por ejemplo. Trato de no verlos siempre porque a largo plazo empezás a darte cuenta de que estás intentando copiarlos. Lo que hago es tratar de inspirarme mucho en fotógrafos de guerra, de moda u otro tipo de fotografía y volcarla a la de bodas.

¿Cómo llegaste a cubrir casamientos en el exterior? El primero fue en Santa Fe, a través de una web internacional. Pero los demás casamientos que tuve en el exterior, en Ámsterdam, Toulouse, Nueva York, Chile, fueron por contactos y por el boca a boca que, para mí, es lo más importante; más que la publicidad de Instagram, Facebook, o cualquier otro medio.

¿Qué diferencias notás entre los casamientos en Uruguay y los de otros países? Los de Uruguay, Argentina y Brasil son los mejores. Más allá de que en los otros países intentaron asimilarlas, y salieron bárbaras y muy divertidas, me di cuenta en el casamiento de Ámsterdam, donde no había ningún uruguayo, de que la fiesta era mucho más aburrida y protocolar.

¿Tuviste otros trabajos además de ser fotógrafo? Mis únicos dos trabajos, que no tienen nada que ver con la fotografía, fueron dos. Uno con papá, en donde hacía de cadete de Charoná, recorría todo el Centro y la Ciudad Vieja. Y el otro en un local que no duré mucho; era como el che pibe y no hacía nada bien.

Tu abuelo Sergio Boffano fue el dibujante de Charoná, ¿tenés recuerdos de él? Yo era muy chiquito, entonces mis recuerdos son muy pocos. Pero me acuerdo de cuando cumplí 11 años que me decía que ya había completado los dedos de las dos manos. Igual lo tengo muy presente porque en la sala de reuniones de mi empresa tengo su escritorio.

¿Tu papá te decía que los dibujos de Charoná podrían haber estado inspirados en ti? Mi papá me decía que había un personaje, Charonito, que estaba inspirado en mí. No sé si era verdad, pero creo que había muchas cosas que me decía para dejarme tranquilo.

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.