Uruguay hizo “grandes avances”, pero debe encarar con “urgencia” problemas en la educación, advierte jefe regional del Banco Mundial

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Nº2023 - al de Junio de 2019
entrevista de Ismael Grau

Cuando Axel van Trotsenburg llegó al Río de la Plata en julio de 2002 para hacerse cargo de la oficina del Banco Mundial (BM) en el Cono Sur, Uruguay estaba prendido fuego. Luego el país apagó el incendio y entró en el ciclo de crecimiento económico más largo de su historia, hasta estancarse recientemente. Ahora, como principal representante del organismo para América Latina y el Caribe, este economista holandés repasa dicho periplo con palabras de elogio pero también de preocupación al ver que algunos problemas siguen sin solución. Y, según él, no hay más tiempo para perder ante la “ola” digital que revoluciona la economía global.

Frente al “muy alto” abandono de los liceales y sus magros logros educativos, el país debe “reflexionar con más urgencia y tomar decisiones”, sostiene. “¿Por qué un país como Uruguay está exportando alrededor de 20% de su Producto, cuando Paraguay exporta 35% y mi pequeño país, Holanda, está en 60%?”, plantea, para ilustrar cómo ese rezago puede estar condicionando el desarrollo económico presente y futuro.

Van Trotsenburg estuvo en Montevideo para inaugurar la nueva sede del BM en el país y hablar con varios jerarcas del gobierno. Antes de salir para la residencia de Suárez y Reyes para reunirse con el presidente Tabaré Vázquez, mantuvo la siguiente entrevista con Búsqueda.

—Algunos factores globales —como la guerra comercial y la desaceleración de China— causan incertidumbre para América Latina, que a su vez muestra problemas propios económicos y políticos en algunos países. ¿Se aproximan tiempos difíciles para la región?

—En general, siempre que hay más incertidumbre es un desafío para cualquier país del mundo.

Ciertamente, estos factores pueden afectar a la región y hemos corregido hacia abajo algunas de nuestras proyecciones, en Brasil y también la situación económica en Argentina es difícil. Es un panorama más complicado.

En China, la desaceleración económica no se materializó como se esperaba y el primer trimestre creció un 6,5%.

—Conoció de primera mano a Uruguay en medio de su última crisis. Luego vino el repunte —apuntalado por los altos precios de las materias primas— y ahora el país vive una etapa de estancamiento. Algunos ven medio vaso vacío y otros lo ven medio lleno. ¿Cuál es su lectura sobre estos años?

—El manejo de la crisis del 2002 y 2003 fue muy astuto. Las autoridades uruguayas mantuvieron los vínculos con la comunidad internacional y los mercados, y eso explicó el resultado del canje de deuda muy exitoso del 2003.

Después, el país aprovechó mucho y se benefició del boom de los commodities. También ha diversificado sus exportaciones hacia otras regiones; China era un destino menor y ahora supera lo que se vende a Argentina y Brasil juntos.

Hubo además un cambio en la penetración de los mercados y un ejemplo es la carne; con la trazabilidad, Uruguay logró entrar a mercados difíciles, como la Unión Europea.

Entonces, hay noticias muy buenas. Y lo que queda como marca del país es su estabilidad, previsibilidad y uno de los mejores en desarrollo humano en América Latina. Estoy pensando en la reducción de la pobreza —sobre todo en los años del boom de los commodities— y en la baja en los niveles de desigualdad. Aquí veo grandes avances; esto no quiere decir que no queden desafíos para el país.

—Una de las raíces de la crisis del 2002 fue la fragilidad fiscal, entre otros problemas. Teniendo en cuenta que hoy el déficit en las cuentas públicas está en 4,8% del Producto Bruto Interno (PBI), ¿diría que las autoridades aprendieron la lección sobre cómo gestionar las finanzas?

—Por un lado, diría que también hay que mirar el balance primario, que está siendo positivo este año. Veo una tendencia a la baja del déficit. Por otro, hay que reconocer que las finanzas públicas son una tarea eterna y que se debe prestar siempre atención a la dinámica de la deuda y cómo se puede mejorar.

—“El desempeño de los estudiantes de Secundaria es muy bajo en comparación con países industrializados, lo que indica que la calidad de la educación en Uruguay puede ser mejorada. La preparación debe responder a las necesidades del mercado laboral. Los cambios en estas áreas no se logran de la noche a la mañana y requieren acciones permanentes”. Eso dijo usted en una entrevista con Búsqueda en 2005. ¿Se desaprovechó la oportunidad para hacer las reformas que ataquen ese tipo de problemas, que inciden sobre la productividad de la economía?

—¿Eso dije? (se ríe) ¡Es una frase que todavía me gusta!

En el país todavía hay que debatir lo que está ocurriendo en el sistema educativo. La cobertura es muy buena, pero los resultados, sobre todo en Secundaria, son preocupantes. ¿Cómo es posible que la mitad de los jóvenes que van al liceo no termina? Es algo sobre lo que hay que reflexionar, porque en casi todos los países, sobre todo aquellos más avanzados, la gran mayoría culmina los estudios. El abandono en Uruguay es muy, muy alto.

Lo segundo es un problema que es general en América Latina: cuando se aplican las pruebas PISA, los resultados son relativamente bajos y eso alude a la calidad de la educación.

La recomendación del banco desde hace mucho tiempo apunta a cómo la región —y Uruguay no es la excepción— puede encarar una discusión profunda sobre estos temas. Esto es importante por varias razones: el año pasado empezamos a publicar el índice de capital humano y Uruguay figuró con un 0,6. Lo que quiere decir eso es que en términos de potencial, la persona tendrá un 60% de lo que normalmente podría obtener si hubiera desarrollado todas las posibilidades educativas. Esto debe llevar a reflexionar si están todas las condiciones para preparar a esos jóvenes para el mercado laboral. Hoy en día, el mundo se mueve más rápido. En algunos países de Asia del Este se habla de crisis cuando el crecimiento económico es de solo 6%; hay una óptica muy distinta y una orientación muy fuerte para ofrecer todas las posibilidades a las nuevas generaciones.

¿Por qué un país como Uruguay está exportando alrededor de 20% de su Producto, cuando Paraguay está exportando 35% y mi pequeño país, Holanda, está en 60%? Uruguay puede lograr más dinamismo para explotar sus ventajas comparativas en los mercados. Para eso se requiere un mercado laboral y trabajadores bien calificados para enfrentar los desafíos del futuro, y sin ninguna duda se precisa que los chicos terminen la Secundaria.

—Usted ya hacía ese diagnóstico en 2005. ¿Qué paraliza esas reformas? ¿La visión ideologizada desde el sistema político?

—Es la economía política de un país. En todos los países son temas altamente sensibles y en la sociedad cada uno tiene su opinión, y eso es justificado. Y hay que debatir. Sin embargo, con los resultados —que claramente son inferiores a otros países de ingreso similar— tal vez Uruguay deba reflexionar con más urgencia y tomar decisiones. Quiero añadir más a esa urgencia: la ola global de digitalización va a cambiar al mundo, incluyendo al mercado laboral. Y si no hay un ajuste frente a ese fenómeno, para las nuevas generaciones se pueden complicar mucho más las posibilidades de una inserción exitosa en el mundo del trabajo.

—¿Qué otros desafíos identifica para Uruguay?

—Sobre todo en el mercado laboral. Es un país que envejece y eso genera desafíos para quienes entran al mercado, pero también hay implicaciones para la sostenibilidad del sistema de pensiones.

Otro aspecto es cómo dirigir al país hacia una agenda de más largo plazo. Eso implica identificar cuáles serían las fuentes de crecimiento económico con ese horizonte y cómo puede Uruguay posicionarse mejor en los mercados internacionales.

—Uruguay es hoy un país de ingreso alto, aunque con muchos problemas típicos de las economías en desarrollo. Desde el punto de vista del banco, ¿esto supone plantearse una forma de colaboración distinta?

—Sí. Uruguay tiene uno de los ingresos per cápita más altos entre los países que reciben beneficios del banco.

Creo fundamental que nos desafíen sobre cómo podemos identificar proyectos que sean difíciles, que pueden tener efectos por ejemplo en el área de la innovación. Me gustaría trabajar con el país sobre sectores transformadores o que puedan afectar su crecimiento económico de largo plazo. La relación con el banco tiene que ir hacia donde Uruguay pueda aprovechar de nuestros servicios y que tengan mucho más valor agregado, y no que sean algo que se repite.

Por otro lado, Uruguay también podría compartir más sus experiencias positivas.

—Hace pocos años varios países de la región tuvieron un giro hacia la izquierda y luego se dio una alternancia por gobiernos de derecha. Según las encuestas, eso también podría ocurrir ahora en Uruguay. ¿Este proceso refleja democracias saludables o disconformidad con los resultados logrados?

—Para mí, es la democracia. El pueblo puede juzgar el desempeño de un gobierno. Es algo muy saludable que haya discusiones entre los partidos.

—¿Qué aspectos deberían ser centrales en la agenda de la futura administración?

—Como organización de largo plazo, nos gustaría que cualquier gobierno no pierda la visión de mediano y largo plazo.

Hoy todo el mundo está más preocupado por el corto plazo, algunos por el cortísimo plazo y el último tuit. Pero hay desafíos en la sociedad que no se pueden resolver con un tuit; hay temas como la educación, la productividad o el posicionamiento del país en el mundo que no se pueden arreglar en una cena. En estas cosas hay que trabajar consistentemente en el tiempo.

Insisto: no pierdan la visión de mediano y largo plazo.

Recuadro de la entrevista

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